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miércoles, 24 de octubre de 2012

Aproximación Poética

Le pones esencias 
que nazcan del corazón,
 
le das la sazón
 
con hojitas de paciencia.
 
Carlos Vives, La receta.

No resulta fácil acercarse a la poesía, buscando elaborar un concepto sobre ella, debido a su naturaleza abstracta; resulta más fácil referirse a ella según sus manifestaciones, como sucede con la bondad, a cuya comprensión nos acercamos por los actos bondadosos. En este punto se nos presenta la dificultad, la posibilidad recurrente, de confundir las cosas: Poesía, poema y poeta, elementos que se apropian de lo poético en una trinidad interdependiente e indisoluble. Lo poético no es la poesía: De la experiencia poética sí nace la poesía, percibida en su estado natural, para lo cual se necesita una sensibilidad especial  innata. A pesar de esta posible dificultad y corriendo un gran riesgo, se puede uno aventurar a responder (o tratar de responder) la peliaguda pregunta ¿Qué es la poesía? A la cual respondo diciendo que es un ejercicio del espíritu humano que busca traducir, con ayuda de un lenguaje, su relación con el universo y consigo mismo, re-crear su realidad y expresar sus sentimientos. Un lenguaje en cuanto sistema estructurado de signos, más no cualquier lenguaje, pues el lenguaje matemático, por ejemplo, puede dar cuenta de toda la realidad física, gran parte de las mismas materias que aborda el lenguaje escrito o el musical, sin embargo no le es posible, por su propia naturaleza, ser poético a pesar de su profunda y compleja belleza. Para ser poético un lenguaje debe comunicar emociones, tocar la sensibilidad.
A varios lenguajes no les es posible esto.

La poesía es creación autentica, sin imposturas: Un eje transversal que recorre todas las artes, no un arte en sí mismo, pues, para mí, la poesía no está limitada a la palabra, mucho menos a la palabra escrita ni, en ella, al verso, como generalmente se ve y se entiende esta. Es mayor la cantidad de buena poesía que se manifiesta en prosa, que la presentada en verso. La frecuente confusión de las formas y reglas poéticas con la poesía misma causa esto, en parte, y no permite a la vez aceptar en un pasaje de García Márquez, Borges o Mutis, todo el poder de la poesía.

La poesía también se canta, se filma, se pinta, se baila, se esculpe…

La poesía es un oficio, una elección a partir de una vocación: Como vocación puede ser abandonada, quizá en busca de un sustento económico, que es lo que determina, muchas veces, la adopción o abandono de una vocación. La vocación del poeta es desinteresada en este sentido, sin olvidar que existen mercaderes de la poesía y que ésta, por contagio del estado actual de las cosas, pretende verse recurrentemente como una mercancía: Mercancía barata, por lo demás. Es un oficio porque se le dedica la mayor parte (si no todo) el tiempo y como oficio, es oficio de pocos, porque bien pocos están dispuestos, si es necesario, a morir de hambre, con tal de cultivarla y mantenerla. De ella se dice que es tarea de muchos… Una tarea es una actividad, un trabajo que bien puede ser hecho incluso por una máquina y no me imagino una máquina haciendo poesía. Por otra parte las tareas implican recurrentemente una obligación, incluso una imposición y la poesía nunca es nada de esto, por el contrario se configura en un conjuro para los estragos que éstas nos causan en el ajetreo cotidiano de la afanosa vida actual. No es una profesión la poesía porque nadie otorga un diploma que acredite como poeta ¡Dios nos libre del que pretenda hacerlo! La poesía es, entonces, un acto de fe, de entrega total y a la vez de liberación. Es una revelación que permite ver más allá de las propias narices y, por supuesto, ver las cosas por el envés, darle otra vuelta a la tuerca: Un poeta no traga entero ni está completamente alineado con el estado oficial de las cosas. Es una catarsis perpetua, Vida consciente y cabal que escapa a la somnolencia del conformismo y al engaño adoctrinante. Es honestidad, transparencia. Es, en su forma manifiesta, ritmo, equilibrio, coherencia, cohesión y fuerza compactados en un mismo espacio cerrado, autosuficiente y bello. Sobre todo bello.

El poema es la forma generalizada de presentarse la poesía en la lengua escrita: La forma con la que más frecuentemente se le asocia. Una unidad total que se debe a la comunión de sus elementos. El ritmo, apoyado en las pausas y los silencios, permite establecer una cadencia respiratoria que, a la vez, dicta la expresión en la interpretación lectora que debe sostenerse a lo largo y ancho del poema para mantener atrapado al lector y compenetrarlo con el poema. Ritmo no es rima ni metro, mucho menos estrofa: En la poesía en verso el ritmo impone (de ser necesarios o deseados) un metro, una rima y una estrofa, sin dejarse apresar, amordazar, por ellos. Se les impone, transgrediéndolos, renovándolos, creando nuevos, en ocasiones. Las ideas constituyen la esencia misma del poema en cuanto al contenido y la intención de lo que se dice y, en algunos casos, sugiere. Aquí nos encontramos con la idea (que no comparto) de que en la poesía es más lo que se sugiere que lo que se dice. Yo creo que uno dice lo que dice, lo que los otros puedan interpretar es creación de ellos en su encuentro, su diálogo, con el poema. El poema sin idea clara es divagación, desvarío, palabrería vacua. Pirotecnia. La idea constituye el qué se desea decir, para lo cual se necesita un cómo, conformado por la imagen y el ritmo. La imagen es, entonces, la herramienta con la cual se devela la visión del poeta al lector, en el poema. Puede ser una frase, sola y pura: La música callada de San Juan, o un con junto de estas: Ahora que los ladros perran/ ahora que los cantos gallan/ vengo a penarte mis cantas/ ventano de tus debajas*, que, dichas por el poeta, constituyen el poema. La imagen presenta las cosas, no las representa, las muestra no da una interpretación de las mismas, como sucede en la prosa: En la prosa las palabras, las frases, nos van conduciendo a lo que quiere decirse, la imagen poética se explica a sí misma, ella misma es su sentido. La imagen salva la distancia entre el nombre y lo nombrado, entre el significado y el significante, haciéndolos una misma cosa indisoluble. La imagen, real, surreal, imaginaria, real-imaginaria, real-maravillosa, real-fantástica, híper-real, cualquiera que sea, es quien toca y a veces hiere la sensibilidad del lector, transportándole al universo o universos que el poeta le revela y comparte.

En el poema ninguno de sus elementos prima sobre los otros.

El poema se agota en sí mismo: Es autosuficiente. Su forma, no lo es: De nada sirven los divertimentos del lenguaje si no contienen, si no pueden estremecer, conmover. Se debe tener cuidado de no caer en la recurrente costumbre de no decir nada: El poema y el poeta son para comunicar y comunicarse.

La poesía, finalmente, debe ser testimonio de la realidad entera, pero sin alinearse con ningún movimiento o partido, política, escuela o filosofía en particular: Es inconformismo, es rebelión, más no militante: La poesía que se adhiere a un credo o una fe pierde su carácter libre, liberador y libertario y por tanto, se desnaturaliza. La poesía comprometida termina no siendo poesía sino folletín, panfleto.
No debe confundirse con esta a la poesía que denuncia una realidad crítica para el poeta y su tiempo. La verdadera poesía va a dar cuenta siempre de toda la realidad del ser humano y va a sentar su posición sin venderse por una cosa u otra: La mayoría de los grandes poemas, si no todos, sólo pueden entenderse en su real dimensión cuando son vistos a través de la realidad histórica y cultural en que fueron escritos y en que se desenvolvió su autor, sin necesidad de que estos sean o se hagan llamar comprometidos. Si la poesía y el poeta se embarcan en una aventura que se dirija sólo hacía sí mismos o hacía lo externo, sin establecer un equilibrio entre las dos dimensiones, se traicionan, castrándose. 


*Poema anónimo Colombiano, tomado de La Escritura Embrujada, documental sobre García Márquez y su obra.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

CUESTIONARIO GARZÓN CÉSPEDES



¿Cuál mujer histórica elegiría? Sor Juana Inés de la Cruz.
¿Cuál hombre histórico elegiría? Simón Bolívar.
¿Cuál mujer contemporánea elegiría? La Madre Teresa de Calcuta.
¿Cuál hombre contemporáneo elegiría? Albert Einstein.
¿Cuál persona de su entorno elegiría? Mi tío Robert Ramírez Blanco, Chobe.
¿Cuál persona de ficción masculino elegiría? Hamlet.
¿Cuál personaje femenino de ficción elegiría? Úrsula Iguarán, esposa del Coronel Aureliano Buendía.
¿Cuál hecho histórico elegiría? El descubrimiento de América.
¿Cuál hecho contemporáneo elegiría? El asesinato de Jorge Eliecer Gaitán.
¿Cuál es su personalidad? Analítico.
¿Cuál es su carácter? Espontáneo, curioso, honesto, adaptable.
¿Cuál es su sentimiento primordial? La amistad.
¿Cuál es su sensación primordial? La tranquilidad.
¿Cuál es su idea primordial? La libertad.
¿Cuál es su norma primordial? Dar a cada quien lo que corresponde según sus propios méritos y no hacer lo que no quisiera que me hicieran a mí.
¿Cuál es su lema primordial? Paciencia, perseverancia, disciplina.
¿Cuál es su deseo primordial? Alcanzar mis metas, mis sueños.
¿Cuál es su defecto primordial? La terquedad.
¿Cuál es su capacidad primordial? Adaptarme a las circunstancias con bastante facilidad.
¿Cuál es su cualidad primordial? La perseverancia.
¿Cuál es su rechazo primordial? A los políticos deshonestos, que son casi todos.
¿Cuál es su aceptación primordial? A quien es coherente entre lo que dice, piensa y hace.
¿Cuál es su temor primordial? A no tener tiempo para hacer las cosas que deseo.
¿Cuál es su humor primordial? El que se burla de las cosas cotidianas, con un apunte improvisado.
¿Cuál es su tolerancia principal? La de la gente que cree que sabe más de lo que realmente sabe.
¿Cuál es su intransigencia principal? La del desvío de los recursos públicos.
¿Cuál es su desgracia primordial? Rumiar sentimientos dañinos.
¿Cuál es su dicha primordial? Realizarme como persona.
¿Cuál es su color preferido? El azul.
¿Cuál es su sonido preferido? El de un conjunto de millo o gaita.
 ¿Cuál es su olor preferido? El de la tierra mojada con agua lluvia, aún más si también huele a boñiga.
¿Cuál es su sabor preferido? El del café en todos sus matices y presentaciones.
¿Cuál es su textura preferida? La de la lengua, mejor si está inquieta…
¿Cuál es su luz preferida? La de los atardeceres de mi pueblo.
¿Cuál es su paisaje preferido? El del eje cafetero y el altiplano cundiboyacense.
¿Cuál es su árbol preferido? El mango azúcar que está en el patio de mi abuela Zenit, en Guamal.
¿Cuál es su flor preferida? La Cayena y la Trinitaria.
¿Cuál es su animal preferido? El burro: Incansable y noble.
¿Cuál es su ave preferida? La guacamaya.
¿Cuál es su cielo preferido? El que me cubre viajando en mi moto.
¿Cuál es su mar preferido? El de Riohacha.
¿Cuál es su camino preferido? El que camino junto a mis hermanos.
¿Cuál es su pueblo preferido? A pesar de todo, Guamal Magdalena.
¿Cuál es su ciudad preferida? Cali y Barranquilla.
¿Cuál es su vivienda favorita? La de mis abuelos Joaquín y Zenit.
¿Cuál es su habitación favorita? La que compartí con mi hermano y mis primos en casa de mi abuela Juanita, cuando niño.
¿Cuál es su transporte favorito? La motocicleta o a pie.
¿Cuál es su deporte favorito? El sexo, después el fútbol y el beisbol.
¿Cuál es su arte favorito? La música.
¿Cuál es su línea preferida? La curva punteada.
¿Cuál es su cuadro preferido? Lucero espiritual, ilustración de Álvaro Barrios de este tema de Juancho Polo Valencia para un almanaque de El Cerrejón. Se parece a mí.
¿Cuál es su escultura preferida? El Santo Sepulcro de mi pueblo, de Jorge Eliecer Ávila Martínez “Gaitán”.
¿Cuál es su idioma preferido? El Español.
¿Cuál es su voz preferida? La que guapirrée, exultante, en plena madrugada, en medio de una rueda de cumbia o una parranda vallenata.
¿Cuál es su música preferida? La que está bien hecha. Me debato entre las de las costas colombianas, el Gran Caribe, y la sinfónica.
¿Cuál es su instrumento preferido? La voz.
¿Cuál es su melodía preferida? La de la máquina de coser con la que mi abuela y mi mamá me arreglan la ropa, cuando vuelvo a casa.
¿Cuál es su canción preferida? En este momento Predestinación, de Aries Vigoth, pero pueden ser muchas más: El pintor de Adolfo Pacheco, Lejos de ti de Julio Erazo y un largo etcétera
¿Cuál es su sinfonía preferida? La número 40 de Mozart.
¿Cuál es su condimento preferido? El orégano, por nombrar uno porque las especias en general me encantan.
¿Cuál es su alimento preferido? El huevo.
¿Cuál es su comida favorita? El pescao en viuda con jugo de guayaba agria se me antojó, pero pueden ser muchas comidas también: Lengua en salsa, Cazuela y Arroz de mariscos, en fin…
¿Cuál es su bebida preferida? El café en todas sus variantes y la cerveza Club Colombia.
¿Cuál es su material preferido? El que mejor me permita expresarme, pero sobre todo las palabras.
¿Cuál es su metal preferido? El hierro de las ventanas de mi casa, de la casa de mi abuela Zenit.
¿Cuál es su piedra favorita? La de afilar.
¿Cuál es su mueble favorito? La estera y la hamaca.
¿Cuál es su objeto preferido? Los libros y el computador portátil.
¿Cuál es su prenda favorita? La guayabera.
¿Cuál es su calzado favorito? Mis abarcas y mis guaireñas.
¿Cuál es su accesorio preferido? Mi mochila llena de libros y comida.
¿Cuál es su oficio preferido? Cocinar.
¿Cuál es su profesión preferida? La de periodista. Narrador de historias.
¿Cuál es su especialidad preferida? Investigación.
¿Cuál es su afición preferida? Escuchar música, cantar y viajar.
¿Cuál es su letra preferida? La O.
¿Cuál es su palabra preferida? Soñar.
¿Cuál es su nombre preferido? De Mujer Eva Luna, de hombre Juaco.
¿Cuál es su frase preferida? Citius, Altius, Fortius.
¿Cuál es su libro preferido? La Casa Grande de Cepeda Samudio, El Aleph de Borges, El otoño del patriarca, Veinte poemas... de Neruda, El libro de las Crónicas de Jorge García Usta, Amanecer en el Valle del Sinú de Gómez Jattin, Los poemas de la ofensa de X-504…
¿Cuál es su periódico preferido? El Espectador.
¿Cuál es su revista preferida? El Malpensante.
¿Cuál es su biblioteca preferida? La red de bibliotecas del Banco de la República, sobre todo las seccionales de Riohacha y Santa Marta, con esa vista al mar…
¿Cuál es su película preferida? No sé  mucho de cine, pero no puedo dejar de verme 50 First dates: Cómo si fuera la primera vez, me encanta.
¿Cuál es su documental preferido? Los documentales sobre los usos y costumbres autóctonos y la música folclórica de la Costa Caribe Colombiana de Telecaribe: La franja trópicos es genial. Me gustan, también, Los puros criollos de RTVC.
¿Cuál es su serie preferida? Las de investigación tipo CSI, Criminal Minds, Bones, The Law & Order, Doctor House, Castel.
¿Cuál es su noticiero preferido? CM&.
¿Cuál es su anuncio preferido? La publicidad de Coca- Cola, en general, me gusta mucho, pero hay mucha publicidad muy buena y ocurrente.
¿Cuál es su buscador de internet preferido? Google Chrome.
¿Cuál es su red social favorita? Facebook.
¿Cuál es su portal preferido? http://www.jaimejaramilloescobar.com
¿Cuál es su blog preferido? El mío:http://sonpochiguas.blogspot.com/
¿Cuál es la institución internacional que más respeta? La Cruz Roja.
¿Cuál es la institución nacional que más respeta? Mi colegio: La institución Educativa Departamental Néstor Andrés Rangel, antes Colegio Vocacional Agricola.
¿Cuál es la ONG que más respeta o más cercana siente? Fundación Proyecto Tití.
¿Cuál es la asociación no lucrativa que más respeta o más cercana siente? Sé poco de estas asociaciones.
¿Cómo prefiere o preferiría vivir? Viajando, por su puesto.
¿Cómo prefiere o preferiría morir? Durmiendo.
¿Cómo prefiere o preferiría hacer? Hacer lo que tenga o necesite hacer con toda intensidad y entrega.
¿Quién siente usted que es? Yo, como decía Ortega y Gasset, Soy yo y mis circunstancias.

viernes, 24 de agosto de 2012

VARIACIONES 3



Me gusta el olor de la ropa guardada en el baúl que mi abuela Zenit aún mantiene en su cuarto de Altamira. Siempre nos llevaban a esa finca a principios de mi adolescencia y, sobre todo para mi hermano y para mi, era lo máximo: Recuerdo mucho a Román, un hombre recio y sencillo, un maestro del dominó que nos tubo toda la paciencia para enseñarnos a empuñar un machete y un garabato, a montar burro y caballo y a enlazar terneros. Preparaba unos sudados magistrales y le sabia el nombre a todas las plantas y animales que a uno se le ocurriera preguntarle, pero lo mejor era que siempre tenía una anécdota o un chiste para amenizar las andanzas por el monte. 
Me gustan las flores: El jardín interior de las casas de mis abuelas, en Guamal, y el que siempre hubo en la entrada de la casa de Papá Juan y  Mita Carmen, en Murillo, el pueblo de músicos y albañiles donde mamá nació y creció por los años del hippismo y las dictaduras lunáticas latinoamericanas. En Murillo, además, estaba el inmenso patio de la casa de mi tía Anatilde que se prolongaba hasta la orilla del río, colmado de guayabos, nísperos, naranjos, cocoteros, guanábanos y muchos más arboles frutales que, además de brindarnos sus deliciosos manjares, nos servían para jugar al escondido o a la lleva. Me gustan también las innumerables cayenas de todos los colores que uno se encuentra caminando por las calles de Barranquilla, esa desordenada, ardiente y bulliciosa ciudad donde me encontró mi adultez, también las trinitarias perennes que adornan los frentes de las casas de bahareque de los poblados a los lados de la carretera, desde Casa de Tabla hasta las Sabanas de Marañón y los Cañaguates florecidos que tapizan de un amarillo intenso la carretera desde el Paso hasta Arjona. El tramo entre Astrea y Casa de Tabla en muchos tramos es bastante seco y en ocasiones árido, pero también tiene su belleza en esos ocres, cafés y rojos que cuando les llueve se hacen una melcocha espantosa llegando a convertir en toda una proeza ese pequeño viaje. Eso me gusta, sobre todo cuando apenas voy llegando de nuevo a casa, porque cuando salgo del pueblo a la ciudad, ya no me gustan tanto, o me gustan de manera diferente, más bien... Yo camino, muchísimo, por afición, por necesidad a veces, y las más de las veces por no tener más oficio, y es entonces cuando no se bien para donde voy, pero camino como si fuera lo último que tuviera por hacer y he recorrido en esos arrebatos casi todas las ciudades de la costa, menos Valledupar, a donde la vida aún no me ha permitido ir a vivir estando ya un hombrecito. Allí sólo caminé Garupal en mi adolesencia, en los tiempos libres de un inolvidable campeonato de beisbol: Deporte que no he podido volver a practicar después de los 13 años, y di un par de vueltas por Hurtado, una con una compañía inolvidable. hace un par de años: He recorrido casi todo el Valle, a decir verdad,  en moto o en auto, pero no es lo mismo... He andado también más de medio Cali, Pasto y Popayán y es la manera que más me gusta para conocer los lugares que visito, para poder fijarlos en mi memoria, como a Yumbo, a Palmira, Florida, Jamundí y Pradera, ultimamente con Pereira, Cartago y La Virginia y llenarme de la cotidianidad de sus gentes tan diferentes de un lado a otro, como las nubes que puede uno ir viendo por la ventanilla de un avión cuando viene de la costa al interior, o los paisajes que puede uno adivinar en medio de ellas...

En la costa amo los días soleados, sobre todo los días soleados de diciembre cuando se ve la sierra desde mi pueblo: Impetuosa, inmensa, limpia. Bella. O cuando la brisa que viene del mar se hace fresca y arrebatada. Festiva. Me gusta la playa de Riohacha más que cualquier otra: Su arena blanca y brillante, amplia, sus multiples palmeras y sus vallenatos incesantes desde la plaza de Federman. Hasta donde he podido conocer, el mar de Riohacha es el único mar chocolate que existe, jejejejeje Amo caminar el centro de Cartagena sin un rumbo preciso, ir adivinando los nombres de las callejas sinuosas y los edificios de todas las edades, y compararlos con los recuerdos hereditarios que mi papá me transmitió en sus narraciones mientras sacrificabamos pollos en la parcela, en Santa Teresita. Hacer los oficios de casa es mejor hacerlo un domingo en Barranquilla que en cualquier otro lugar del mundo, particularmente en el barrio Las Nieves: Barrer el patio inmenso lleno de ciruelas y hojas de matarratón al compás de una champeta criolla o lavar ropa cantando salsa ochentera y, luego, cocinar con una buena cumbia, una puya, un reggae o un calypso... No me he sentido más a gusto en ningún otro sitio ni por que lleve conmigo todas esas músicas del caribe en el oído y en una USB: Sus sincopas y sus variaciones altisonantes. Prefiero tomar un par de cervezas con mi hermano sentados en un sardinel o en la arena grisácea de El Rodadero o en La Carpa Roja, junto a la universidad del Magdalena, para poder sentirme el dueño del mundo, hablando de todo un poco, sabiendo que no tengo más que lo necesario... Eso, cuándo no lo hacemos a ritmo de pitos y tambores o de Silvestre y Kaleth, en una esquina o calle cualquiera de mi pueblo, Guamal, normalmente con los muchachos de Pochigua. Los seviches que más me gustan son los de Juancho, en la primera con Santa Rita, en Santa Marta y la mejor cazuela de mariscos la probé en la galería de la Alameda, en Cali. Poderosa. El mejor mote de queso era el que me hacia Mosquera en Sincelejo: Me encantaba cunado me llamaba a preguntarme con qué plato preferiría que me recibiera cuando fuera a visitarla y, definitivamente, la suya es la mejor opción que he tenido para sentirme el señor de una casa, la cabeza de un hogar y el compañero de una mujer maravillosa y berraca. Me gusta andar en bicicleta por Tolú, comiendo mango y silvando porros e ir apostando carreras con mis hermanos de la sala a la hamaca colgada en el patio de la casa, como en otros tiempos lo haciamos en bicicleta desde donde mi abuela Zeni a donde mi abuela Juanita. Me gusta oir discutir a mi abuela Zeni con mi abuelo Joaquin, porque salen con unas ocurrencias que me doblan de risa, unos dichos proverbiales o unos sobrenombres que no tienen comparación. En Monteria me gusta ir de taberna en taberna, gorriándome las tandas de las bandas de vientos que pagan los borrachos felices entre las piernas de las mujeres sin dueño y una galillona de ron y contemplar como el Sinú, con sus aguas pardas y serenas confunde la arboleda exuberante del parque de la ronda con la belleza sin par de sus mujeres diligentes y hospitalarias: Sus cabelleras lacias, oscuras y sin fin, sus sonrisas embriagadoras. Su gentileza a flor de piel. Amo sentarme en la puerta de la casa de mi abuela Juanita, de mi tío Robert o mi tío Pom o la de la seño Leo a oir contar chistes pintorescos e historias inverosímiles que se hacen creibles por la pasión y la calidad del detalle con que son narradas matando mosquitos y balanceándose en una mecedora, talvez al compás de una música leve y un par de tragos de ron o aguardiente o, lo mejor, una Aguila bien fria! Un café de Juan Valdez, un buen café, en lo posible de esos recién molidos y decantados con coladera, me gusta tomármelo con Verita, que es como mi hermana aunque la mujer que nos pariera no fuera la misma. El único café en leche que he podido tomarme con total gusto era el que hacia mita Carmen en su fogón parao en Murillo, con molinillo y endulzado con panela, los demás, a regañadientes... Ir a cine con Vera o gastarme la noche y la madrugada disertando sobre cualquier cosa con ella es maravilloso. Me gusta Cali en sus días lluviosos. Caminar sin pensar en el reloj por el centro e ir dando saltos de un charco a un libro o de un café a una salsa que se hace omnipresente en las lineas semperteantes de sus calles amplias y las caderas de sus mujeres sensuales y risueñas. Me gustan muchísimo los paisajes del eje cafetero: Apenas salgo a la avenida 30 de agosto, en Pereira, me encuentro una bella montaña siempre verde y muchas veces nublada. Cuando voy bajando a Cartago o a La Virginia siempre me demoro apreciando las bellezas de esa florida vía que va hacía el Valle del Cauca: Para ir al Valle, precisamente, prefiero ir en moto, porque tengo más oportunidad de sentir el aroma de los cañadulsales y puedo detenerme, si quiero, para dejar que su melaza se impregne en mis poros. El paisaje del Quindío, sus pueblitos detenidos en el tiempo de la colonia antioqueña, sus cafetales y guaduales, sus quebradas de agua helada... es un paisaje privilegiado, sobrecogedor. Precioso. 
Me gusta ir a Bogotá de turista, sin tener que preocuparme por el Transmilenio ni ninguna de sus otras torturas en movilidad y sentirme agotado subiendo y bajando las faldas de la Candelaria o adivinando edificios históricos en el centro es divertido y mágico. De la sábana el pueblo que más he caminado es Mosquera, con un frío embrutecedor por las noches, que no he podido dominar, ni siquiera después de dos años de andar por cachacolandia: Me fue más manejable el frío en Pasto y en Popayán. Medellín, aunque sólo he estado en dos fugaces pasadas, me pareció una ciudad ordenada y pulcra. Envidiable. Ojalá tomemos ejemplo de su organización... Me gusta caminar, viajar y conocer, espero poder seguir teniendo tiempo...



INMOVILIDAD DEL AMANECER


Pliego las puntas del amanecer:
De semáforos sin colores cambiantes
De opacos y fríos caminos asfaltados
De tiempos
-       Orgásmicos sincopados  -
Atemperados por cláxones trasnochados.

Es domingo.

Sacudo otro par de veces las sábanas del alba:
De perdida luz en concretos laberinticos
-       Sin pájaros cantores ni astros fertilizadores –
De monótonas lluvias entumecedoras
-       Refulgiendo reventando relamiendo cristales-

Inicia el día. 

De obligados silencios a dulce bala
De diluidas existencias anquilosadas
De cafres enaltecidos, gonorsofias,
-       Calanchines cadáveres insepultos –
De tristes tristezas circulares.

¿Es domingo?

Lamentos, súplicas, gritos, chirridos… SILENCIO.
Suspicaz cuchillada de la muerte destaza nuestros días
Indiferente, indiferentes… ni tan de frente.

¿Inicia el día?

Infames sucesos se suceden sin espanto, sin llanto.
Descorrido el velo persiste el acecho omnipresente de la nada:
Carcoma niveladora, fétida, vulgar, amenazadora y perversa.

Duermes, aún…

¿Ha rehusado a apartarse de tu frente la frialdad del sueño?
¡No! Sonríes, bostezas, te desperezas, susurras…
¡Rompes, de nuevo, la modorra para dar comienzo a mi domingo!

lunes, 30 de julio de 2012

EL BOTÓN DEL PANTALÓN


La zona estelar berbenautika de Systema Solar es una avalancha de poder sonoro y visual. Una descarga incontrolable que llega a reinterpretar y revitalizar las raíces folclóricas de la costa Caribe colombiana: Cumbias, fandangos, Bullerengues y Champetas, emergen y estallan en sus improvisaciones mezcladas con herramientas y lenguajes propios de la música electrónica.

El Systema es un gran logro, un paso acertado en la evolución musical de nuestras raíces, vigorizándolas: El Botón del pantalón, su más reciente sencillo, me hizo recordar, apenas pude escucharlo a mis amigos de Simón Bolívar y Costa Hermosa, barrios de los límites entre Soledad y Barranquilla: Puede denominarse como una champeta; pero mis amigos, que han pasado toda su vida entre Picós y Berbenas, llamarían mejor este tema como una Terapia Criolla y, siendo aún más precisos, como un Rastrillo. No sé si esto de rastrillo sea por el efecto que causan los potentes picós en las berbenas de los barrios más populares donde cumplen el papel de los tambores en las antiguas comunidades afros, de convocar en torno a un hecho social en particular que no siempre es la fiesta: El tambor y el picó resuenan también en el velorio, en el sepelio de un ser querido… Nos arrastran a todos, imnotizados, contorsionándonos, cabeceando, tarareando en torno al potentísimo Sound System que nosotros denominamos Picó deformando el extranjerismo Pick - Up. 

Es una Terapia este Botón del pantalón no sólo por su forma musical sino por cumplir con la función de relajarnos y desentendernos de los problemas, sobre todo económicos, por los que atraviesa todo el país: Es ahí en su mofa, en su frentiar el corte, al aludir directamente la situación:

Pa que apretarme el cinturón
Si la economía no dura
No quiero pasá la vida
De factura en factura

Donde el Systema, y con él sus seguidores, se desembaraza de sus penas y las vuelve un goce permanente, una constante alegría que no se olvida de los males pero si los minimiza buscando mejor vida:

Fiesta, fiesta hay en mi
Ando por la vida relajao y feliz

Terapia, claro, pero no una mera terapia de baile sino de canto, como hemos podido ver, por eso no sólo sería una Terapia en cuanto a género musical, sino una Terapia Criolla pues a estas las diferencia primordialmente el canto de las primeras. ¿Por qué diría yo por boca de mis amigos que es un rastrillo El botón del pantalón? Por su sonido, ese sonido berbenero que no necesitaría identificación en El pozón u Olaya, en Cartagena, en 7 de abril o La ciudadela en Barranquilla o en Pescaito o El Once en Santa Marta, porque habría podido ser lanzado como un estreno exclusivo en el Fidel, el Scorpion Disco Show, el Solista o el Timbalero y nadie habría puesto reparos a los ingredientes electrónicos que tiene por no cambiar la esencia de aquellos LP de origen africanos que servían a nuestros oídos exquisitos platillos de soukous, juju, soca y Calipso, entre otros ritmos traídos en los años 70 y 80 a nuestros puertos caribeños para fortalecer la competencia musical de los coleccionistas y dueños de picós.  Es, más que nada, para mí, una afirmación en las raíces afroantillanas que nos definen a los costeños caribes: Hijos de ese vasto territorio  multicultural más hermanado por la herencia de mamá África: La fuerza, la plasticidad de la expresión afro, el ritmo prevaleciendo a la melodía, y la arritmia sabrosona de las placas, primer elemento digital aplicado a la champeta, subyacen en este tema proveyéndolo del lenguaje popular y la inventiva champetúa que todos los que nos alimentamos vivencialmente en Barranquilla, Santa Marta o Cartagena, llevamos dentro, queramoslo o no, nos enorgullezcamos o no...

VARIACIONES 2


No me gustan los lugares llenos de personas, ni siquiera en la sensualidad de un baile en una discoteca atestada, ni el frenesí de un encuentro deportivo y menos, mucho menos, si no reconozco a nadie. Los únicos tumultos que tolero son en mi pueblo: Tumultos escasos... viendo quemar un castillo en el atrio de la iglesia o la pirotecnia de una vaca loca y pateando bolas de candela en el parque centenario; un baile de caseta en alguno de los colegios de bachillerato, una corraleja o una rueda de cumbia de ¡racamandaca! Uno de los peores tumultos que existen son los de las estaciones del transporte público, sobre todo el masivo, aunque casi siempre trato de esperar a que pasen las oleadas de gente corriendo como locos para hacer intercambio o abordaje de ruta: Afortunadamente no he tenido que usarlos cotidianamente y puedo incluso conservar la distancia de una analista de las constantes afugias de sus usuarios: Lo peorcito es en Bogotá y la peor estación que me ha tocado hasta el momento es la del Ricaurte, sobre la 30. En la estación del masivo de Torre de Cali, siempre me gozaba los carrerones de la gente y la lucha por meterse a como diera lugar en los buses, muchas veces sin respetar a los abuelitos ni las mujeres embarazadas.
Me gusta la gente que al saludar da la mano con firmeza y sin dudas. La que te mira a los ojos al hablarte y confiesa sin temores su ignorancia sobre algún tema. Me sorprenden las mujeres que sonríen cuando las miro, lo normal es que te ignoren o a lo sumo te tuerzan los ojos: Si ellas supieran que es preferible la orgullosa torcida de ojos a la informalidad de la indiferencia, pero las que más me gustan son las que no se dejan intimidar y, en ocasiones, se adelantan y me da un buen día o una sonrisa.
Así sólo sea una miradita...
No me gustan los bola de hilo, la gente espantajopo, esos que andan por el mundo hinchados de apariencia como pavos reales y, sobretodo, los que pontifican sobre temas en los que no han hecho más que intentos mediocres y grandilocuentes: Detesto los predicadores que se creen depositarios de la Verdad Absoluta y ven en los demás a despreciables pecadores o pobres ignorantes y, en el peor de los casos, a potenciales enemigos por el sólo hecho de pensar diferente, así la diferencia sea mínima… Me molestan, también, los aduladores, lambones, ¡chupamedias profesionales! Sobre todo aquellos que se exponen a la burla pretendiendo ser quienes no son y saber lo que no saben para sentirse parte de un contexto. Detesto la verborrea vacua y, sin embargo, me encanta conversar, contar historias y que me las cuenten así sean falsas o su verdad sea de otro tipo: Fantástico, mágico, real maravilloso, surreal, el que sea, siempre y cuando el primero en creerla sea su narrador: Suelo conversar largamente e ir recogiendo historias sin que mis interlocutores se den cuenta que estoy analizando su forma de contar historias y almacenando información para poder contarme la mía. No soy un ladrón, pero tampoco un creador de la nada de las cosas que creo, siento y pienso: Sólo soy un continuador y en ocasiones iniciador, las menos de las veces un finalizador de versos, estrofas y cantos que puedan sobrecoger o perturbar, divertir, informar, asombrar y, ojalá, siempre acompañar a eventuales lectores. Yo no tengo mucha idea de qué es la poesía, quizá porque soy un campesino en esencia y porque no he leído lo suficiente como para ser un erudito: Si hay cosa que me llega a exasperar es la crítica académica que se inventa cosas donde no las hay: Influencias, obsesiones, imágenes y demás fruslerías... Para mí la poesía es algo que tenga equilibrio en su contexto general, sobre todo cuando internamente  guarda diferentes matices e intensidades: Que sea coherente en conjunto y que tenga cohesión. Fuerza. Ritmo. Identidad. La poesía no solamente es escrita, claro y mucho menos solamente en verso. Ahora, hablando del poema: Este se agota en sí mismo: Es autosuficiente. Sucede que los que se hacen llamar poetas tienen la fanfarrona costumbre de no decir nada, como si el poema y el poeta pudieran ser sin comunicar y comunicarse, como si la poesía toda fuera un arrebato del inconsciente más parecido a un sueño, aun delirio, que a un orgasmo: La forma del poema no se agota en sí misma, de nada sirven los divertimentos del lenguaje si no contienen, si no pueden estremecer, conmover, pues la poesía, como todo arte se nutre de la emoción, del sentimiento. Estos pirotécnicos con su técnica y sus experimentos matan, con ello, a la Poesía. A la poesía que puede estar bien clara y mejor dicha y llorada y cantada en un tango, un paseo, un son montuno, un pasillo, un blues, una carranga... Hay cosas que ningún gran poeta a dicho mejor que José Alfredo Jiménez, Julio Jaramillo, Gustavo Gutiérrez, Miguel Matamoros, Discepolo, Tom Jobin, Miles Davis o Simón Díaz y, sin embargo, ¡no se hacen llamar poetas! La poesía está presente, para mí, en las cosas naturales. Seguramente por eso no he podido inventar grandes cosas, sino que me limito a tratar de representar las cosas que vivo de la manera más vívida posible, aunque regularmente me quede corto en eso... Yo me nutro, regularmente, de la música: El cerebro, el Universo entero y, por tanto, nosotros, funcionamos a base de oscilaciones con unos ritmos, unas intensidades, unas duraciones y unas frecuencias, universales, perdónenme la redundancia, por lo que, básica y maravillosamente, somos música. Orgánica y funcionalmente, nuestro lenguaje de base, con el cual nos comunicamos incluso con los seres no conscientes es música: Oscilaciones energéticas. En este punto la expresión: NO MUSIC, NO LIFE (Sin música, No hay vida) Es plenamente cierta... Yo a la música trato de absorberla plenamente a pesar de mi ignorancia sobre las leyes de sus gramáticas, al igual que de sus interpretaciones, y de dejarme arrastrar por ella en todas sus fluctuaciones alucinantes; bien sean llenas de tristezas desgarradoras, de alegrías exultantes o de ingeniosas acrobacias armónicas desconcertantes.  He oído de todo, bueno, de casi todo: Cuando quiero relajarme y meditar elijo un tipo de música clásica o reiki, budista incluso o cantos gregorianos. Si lo que quiero es espantarme la pereza habrá otro tipo de música clásica, himnos y marchas preferiblemente, algo de Nirvana o los Rolling Stones, Metallica o Queen, entre otros. Todo depende. Pero si lo que quiero es transfigurarme, levitar, balar y reírme solo y pasar por encima de prácticamente cualquier circunstancia lo que debo es oír música del Caribe: Salsa, Champeta, Cumbia, Porro, Vallenato, Bullerengue, Reggae, Calypso… A mí me transporta el sonido de una flauta de millo: Vuelvo inmediatamente a mi pueblo y a mi casa y a las noches que he pasado recostado a los palos de corralito donde se hacen los músicos en una cumbiamba, para nutrirme de los sonidos terrígenos de sus instrumentos: Me gusta escucharlos en medio de una noche colmada de estrellas y coronada con una luna creciente y coqueta, desde el centro de  una embriagadora y telúrica rueda de cumbia, desde una carroza multicolor en plena Batalla de Flores o desde una moderna tarima llena de luces, cables y micrófonos; pero el que más me gusta es el sonido de la flauta de millo del maestro Aurelio Fernández corrigiendo a su hijo Jaider o a mi hermano David Alejandro: Suena paciente y segura, reveladora, sabia, bondadosa y genial. No se envanece en ningún momento, ni pretende ser el centro y sostén melódico de toda una idiosincrasia: Una identidad. Solamente es, de forma natural, como el devenir del río que en un momento nos da la vida y alimento y en otro nos la arrebata con sus crecientes progresivamente incontrolables. El puente que une su pueblo y el mío y que oficialmente lleva el nombre de un tal Gutiérrez de Piñeres debe llevar su nombre, ni más ni menos: Fue él con su caña de millo y los músicos de su agrupación quien se encargo de tender y mantener un puente de hermandad cultural entre los dos pueblos desde hace más de sesenta años. Se lo merece, ya que no se le ha hecho justicia musical. A mí me gusta oír al maestro Aurelio contar sus historias y cantar sus canciones: Tiene una memoria prodigiosa y una humildad desconcertante: Renunció a la fama, quizá sin plena conciencia, por no poder aguantarse el frío de las estepas Siberianas, ni con Sleeping térmico, los rones más arrechos del mundo... Ginebra, Vodka o ¡Ñeque sin desbravar! Ramayá, el millero más famoso que ha habido lo respeta y después de él, todos los demás que lo conozcan, como Jorge Jimeno que, quizá sea el más famoso de los jóvenes talentos: El maestro es como un niño con ya casi ochenta años: Su arte es su manera de darse al mundo, como si producir su música fuera una forma de redención para quienes acuden en busca de unos pases de su flauta mágica y también, de vez en cuando su manera de sobrevivir con la mezquindad de quienes a base de sus necesidades se lucran vulgarmente y no reconocen en su talento y su maestría un tesoro en vías de extinción, lamentablemente. Me duele no poder estar escribiendo el libro de su vida y no poder traducir al pentagrama o al disco compacto sus creaciones de juglar subvalorado. Espero poder visitarte pronto Yeyo y dedicarte tiempo en escucharte, como siempre, y poder grabar tus conversaciones que siempre son tan amenas, cálidas y formativas.

lunes, 23 de julio de 2012

VARIACIONES 1


                                                                                         A mi tío Chobe,
                                                  Que no deja de visitarme todos los días!
Al despertar y antes de levantarme, me gusta mirar al techo mientras cada una de mis coyunturas va adquiriendo la firmeza y la elasticidad necesarias para sostenerme y transportarme, y adivinar, en sus ondulaciones, el estado del tiempo que se esconde tras el vidrio y el concreto que me amparan en esta ciudad tan distante del pueblito donde me crié. Crecí en Guamal, Magdalena, afortunadamente. ¿Habrá crecido un poco más el río en El Banco esta madrugada, se habrá desbordado de nuevo la quebrada Tamacá en Santa Marta, se habrá salido de madre nuevamente el arroyo de la 21 en Rebolo, cuántos trancones se irán a presentar esta mañana en Cali mientras llueva, ya se habrán formado los promontorios de nubes sobre los que uno conduce, de Pereira a Cartago, en medio de un aguacero torrencial, tanteando entre la neblina espesa las luces de los otros automotores? Antes, poco antes, he ido pidiendo permiso a cada uno de mis músculos, mis tendones y mis huesos, para poder irme convirtiendo por enésima vez en el soñador que todos los días deja su mochila de historias detrás de la puerta para poder empuñar sus otras armas que le ayudan a sobrevivir: Su agilidad para hacer cálculos aritméticos, la obsesión aprendida por anotar casi todas las cosas y su inteligencia espacial que le lleva a preguntar por dónde sale y se oculta el sol y hacia dónde crecen y decrecen las calles y las carreras de un nuevo poblado, antes que su nombre.
Me levanto agradecido de haber podido hacerlo y salgo a enfrentar un día más de tantos...
De vez en cuando sacudo mis sueños y me los calzo en un par de babuchas o los visto en una guayabera y los echo a rodar, para que no se me vayan a oxidar en la monotonía de los días que se nos suceden sin alarmarnos ni en sus obscenidades sangrientas más recurrentes ni en las desfachateces sin nombre de nuestros gobernantes sin vergüenza. Cuando me levanto sacudo esa parte de mí que permanece cansada y algunas veces aburrida. En verdad muchas más veces de las que yo mismo quisiera y suelo recomendar como tolerables: Le mando a dar un largo paseo con una ducha tibia y a veces caliente, cuando el trasnochado gato del medaunculísmo no me quiere soltar, varios pases de una toalla más bien áspera, para que acabe de despertarme, por si acaso, y un par de aspersiones de un perfume que nunca cae mal; menos en estos días en los que la opresión que me taladra las sienes no da el brazo a torcer ni un momento. Me cubro del hombre que no termino de ser yo, para dedicarme a ser uno más, como todos los demás. Otro de esos seres que pasan por la vida como un vegetal, harina de una masa imperturbable que se deja hacer sin rechistar y, sin embargo, no me acostumbro a estar anulado en la multitud anónima. Estoy cansado. Intranquilo. Algo insatisfecho, pero no harto. Yo no tengo muchas cosas: Mas libros que ropa sí, ni más faltaba, pero no tengo un libro en el cual me ampare y con el cual me ande dando a conocer; un libro que me refleje o que me revele, como si de una transposición se tratase. No. Yo cada día voy escribiendo el libro que quiero ser, en el fondo, y en eso me apoyo en muchos textos, preferiblemente de poetas Colombianos, Latinoamericanos, aunque no sabría decir claramente que es un poeta y que lo diferencia de los demás escritores: Hago muchas notas, escribo pocas cosas, pienso muchas, corrijo más y otras tantas mando al pote de la basura o simplemente las voy dejando en remojo con el atemorizante riesgo de que se pudran o se deshagan sin haber llegado nunca a tomar forma. La forma que quiero darles y para la cual normalmente exijo mucho: Quizá por eso no soy tan fecundo...
Eso de no tener mucho en verdad no es tanto pues con lo que tengo me basta y me sobra para estar tranquilo cada vez que me tomo mi tiempo y para estar a tono con los tropeles y las carreras de estos días que no nos dan tiempo para consentirnos. Me escribo todos los días, buscándome en los rostros anónimos tras las ventanillas de los buses o las sonrisas despreocupadas de los niños que juegan en las terrazas de sus casas y los pregones de los vendedores a lado y lado de las calles por donde avanzo, remando sobre las tristezas y las alegrías de los demás compañeros de mi viaje: A veces me encuentro en un lugar inesperado donde nunca había buscado, como en un cartel en una esquina perdida en el laberinto de los días o en un chiste repentino y en un piropo improvisado a una mujer despampanante y fugaz. Surreal.
He logrado casi todo lo que he querido o todo, más bien, pero no al tiempo que deseaba o esperaba, por eso debo dormir tranquilo, pero no lo hago porque soy un tonto y un desesperado: Pareciera que la vida no fuera a alcanzarme y que no fuera a poder decir las cosas que quiero. Por si acaso, de un tiempo para acá, no he dejado de aprovechar el mínimo espacio para decir todo lo que tengo que decir, incluso a los gritos, pues uno nunca sabe el día que se le atraviese un sicario o se le aparezca en la terraza de su casa y lo calle con un tiro en la sien sentado en la mecedora donde abanicaba sus ideas en tertulia festiva con sus paisanos.