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miércoles, 24 de octubre de 2012

Aproximación Poética

Le pones esencias 
que nazcan del corazón,
 
le das la sazón
 
con hojitas de paciencia.
 
Carlos Vives, La receta.

No resulta fácil acercarse a la poesía, buscando elaborar un concepto sobre ella, debido a su naturaleza abstracta; resulta más fácil referirse a ella según sus manifestaciones, como sucede con la bondad, a cuya comprensión nos acercamos por los actos bondadosos. En este punto se nos presenta la dificultad, la posibilidad recurrente, de confundir las cosas: Poesía, poema y poeta, elementos que se apropian de lo poético en una trinidad interdependiente e indisoluble. Lo poético no es la poesía: De la experiencia poética sí nace la poesía, percibida en su estado natural, para lo cual se necesita una sensibilidad especial  innata. A pesar de esta posible dificultad y corriendo un gran riesgo, se puede uno aventurar a responder (o tratar de responder) la peliaguda pregunta ¿Qué es la poesía? A la cual respondo diciendo que es un ejercicio del espíritu humano que busca traducir, con ayuda de un lenguaje, su relación con el universo y consigo mismo, re-crear su realidad y expresar sus sentimientos. Un lenguaje en cuanto sistema estructurado de signos, más no cualquier lenguaje, pues el lenguaje matemático, por ejemplo, puede dar cuenta de toda la realidad física, gran parte de las mismas materias que aborda el lenguaje escrito o el musical, sin embargo no le es posible, por su propia naturaleza, ser poético a pesar de su profunda y compleja belleza. Para ser poético un lenguaje debe comunicar emociones, tocar la sensibilidad.
A varios lenguajes no les es posible esto.

La poesía es creación autentica, sin imposturas: Un eje transversal que recorre todas las artes, no un arte en sí mismo, pues, para mí, la poesía no está limitada a la palabra, mucho menos a la palabra escrita ni, en ella, al verso, como generalmente se ve y se entiende esta. Es mayor la cantidad de buena poesía que se manifiesta en prosa, que la presentada en verso. La frecuente confusión de las formas y reglas poéticas con la poesía misma causa esto, en parte, y no permite a la vez aceptar en un pasaje de García Márquez, Borges o Mutis, todo el poder de la poesía.

La poesía también se canta, se filma, se pinta, se baila, se esculpe…

La poesía es un oficio, una elección a partir de una vocación: Como vocación puede ser abandonada, quizá en busca de un sustento económico, que es lo que determina, muchas veces, la adopción o abandono de una vocación. La vocación del poeta es desinteresada en este sentido, sin olvidar que existen mercaderes de la poesía y que ésta, por contagio del estado actual de las cosas, pretende verse recurrentemente como una mercancía: Mercancía barata, por lo demás. Es un oficio porque se le dedica la mayor parte (si no todo) el tiempo y como oficio, es oficio de pocos, porque bien pocos están dispuestos, si es necesario, a morir de hambre, con tal de cultivarla y mantenerla. De ella se dice que es tarea de muchos… Una tarea es una actividad, un trabajo que bien puede ser hecho incluso por una máquina y no me imagino una máquina haciendo poesía. Por otra parte las tareas implican recurrentemente una obligación, incluso una imposición y la poesía nunca es nada de esto, por el contrario se configura en un conjuro para los estragos que éstas nos causan en el ajetreo cotidiano de la afanosa vida actual. No es una profesión la poesía porque nadie otorga un diploma que acredite como poeta ¡Dios nos libre del que pretenda hacerlo! La poesía es, entonces, un acto de fe, de entrega total y a la vez de liberación. Es una revelación que permite ver más allá de las propias narices y, por supuesto, ver las cosas por el envés, darle otra vuelta a la tuerca: Un poeta no traga entero ni está completamente alineado con el estado oficial de las cosas. Es una catarsis perpetua, Vida consciente y cabal que escapa a la somnolencia del conformismo y al engaño adoctrinante. Es honestidad, transparencia. Es, en su forma manifiesta, ritmo, equilibrio, coherencia, cohesión y fuerza compactados en un mismo espacio cerrado, autosuficiente y bello. Sobre todo bello.

El poema es la forma generalizada de presentarse la poesía en la lengua escrita: La forma con la que más frecuentemente se le asocia. Una unidad total que se debe a la comunión de sus elementos. El ritmo, apoyado en las pausas y los silencios, permite establecer una cadencia respiratoria que, a la vez, dicta la expresión en la interpretación lectora que debe sostenerse a lo largo y ancho del poema para mantener atrapado al lector y compenetrarlo con el poema. Ritmo no es rima ni metro, mucho menos estrofa: En la poesía en verso el ritmo impone (de ser necesarios o deseados) un metro, una rima y una estrofa, sin dejarse apresar, amordazar, por ellos. Se les impone, transgrediéndolos, renovándolos, creando nuevos, en ocasiones. Las ideas constituyen la esencia misma del poema en cuanto al contenido y la intención de lo que se dice y, en algunos casos, sugiere. Aquí nos encontramos con la idea (que no comparto) de que en la poesía es más lo que se sugiere que lo que se dice. Yo creo que uno dice lo que dice, lo que los otros puedan interpretar es creación de ellos en su encuentro, su diálogo, con el poema. El poema sin idea clara es divagación, desvarío, palabrería vacua. Pirotecnia. La idea constituye el qué se desea decir, para lo cual se necesita un cómo, conformado por la imagen y el ritmo. La imagen es, entonces, la herramienta con la cual se devela la visión del poeta al lector, en el poema. Puede ser una frase, sola y pura: La música callada de San Juan, o un con junto de estas: Ahora que los ladros perran/ ahora que los cantos gallan/ vengo a penarte mis cantas/ ventano de tus debajas*, que, dichas por el poeta, constituyen el poema. La imagen presenta las cosas, no las representa, las muestra no da una interpretación de las mismas, como sucede en la prosa: En la prosa las palabras, las frases, nos van conduciendo a lo que quiere decirse, la imagen poética se explica a sí misma, ella misma es su sentido. La imagen salva la distancia entre el nombre y lo nombrado, entre el significado y el significante, haciéndolos una misma cosa indisoluble. La imagen, real, surreal, imaginaria, real-imaginaria, real-maravillosa, real-fantástica, híper-real, cualquiera que sea, es quien toca y a veces hiere la sensibilidad del lector, transportándole al universo o universos que el poeta le revela y comparte.

En el poema ninguno de sus elementos prima sobre los otros.

El poema se agota en sí mismo: Es autosuficiente. Su forma, no lo es: De nada sirven los divertimentos del lenguaje si no contienen, si no pueden estremecer, conmover. Se debe tener cuidado de no caer en la recurrente costumbre de no decir nada: El poema y el poeta son para comunicar y comunicarse.

La poesía, finalmente, debe ser testimonio de la realidad entera, pero sin alinearse con ningún movimiento o partido, política, escuela o filosofía en particular: Es inconformismo, es rebelión, más no militante: La poesía que se adhiere a un credo o una fe pierde su carácter libre, liberador y libertario y por tanto, se desnaturaliza. La poesía comprometida termina no siendo poesía sino folletín, panfleto.
No debe confundirse con esta a la poesía que denuncia una realidad crítica para el poeta y su tiempo. La verdadera poesía va a dar cuenta siempre de toda la realidad del ser humano y va a sentar su posición sin venderse por una cosa u otra: La mayoría de los grandes poemas, si no todos, sólo pueden entenderse en su real dimensión cuando son vistos a través de la realidad histórica y cultural en que fueron escritos y en que se desenvolvió su autor, sin necesidad de que estos sean o se hagan llamar comprometidos. Si la poesía y el poeta se embarcan en una aventura que se dirija sólo hacía sí mismos o hacía lo externo, sin establecer un equilibrio entre las dos dimensiones, se traicionan, castrándose. 


*Poema anónimo Colombiano, tomado de La Escritura Embrujada, documental sobre García Márquez y su obra.